ESPN.- Hay que decirlo sin rodeos: las Águilas Cibaeñas están haciendo una “obra de caridad” en la temporada 2024-25 de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM). No están regalando guantes ni bates, están regalando derrotas a diestra y siniestra, y eso, paradójicamente, le conviene a prácticamente todos los equipos.
Con récord de 22-5 y un absurdo porcentaje de victorias de .815, las Águilas están firmando el mejor inicio de temporada en más de dos décadas. La última vez que un equipo arrancó con este nivel de dominio fue en la temporada 2004-05, cuando las propias Águilas, entonces dirigidas por Félix Fermín, completaron el primer tercio con marca de 15-3. Ese equipo terminó dominando la serie regular con récord de 30-19 y coronándose campeón ante los Tigres del Licey en un séptimo juego decisivo. Veinte años después, la historia vuelve a tomar forma.
Al 28 de noviembre, los Toros del Este ocupan el segundo lugar con 14-14, a 8.5 juegos. Detrás de ellos, el caos absoluto: Estrellas Orientales con 13-17, Leones del Escogido y Tigres del Licey empatados con 12-16, y los Gigantes del Cibao en el sótano con 11-16. Del segundo al sexto puesto hay apenas 2.5 juegos de diferencia. La pelea por tres de los cuatro boletos al Round Robin está extremandamente cerrada.
El caso de Leones y Tigres es especialmente doloroso. Los Leones, actuales monarcas dominicanos y del Caribe, no han encontrado ritmo y están aferrados al último puesto clasificatorio a poco más de mitad de temporada. La diferencia más marcada respecto al equipo que Albert Pujols llevó a la gloria es la ofensiva, que pasó de ser una de las mejores a una de las peores del torneo.
El Licey, por su parte, está hundido por la falta de bateo oportuno: batean .199 con corredores en posición anotadora, el peor promedio de bateo de la liga, con apenas 74 remolcadas en esos escenarios. Son cuatro menos que los Gigantes y un abismo de 48 respecto a las Águilas, que lideran ampliamente esa casilla.
¿Y quién le ha quitado partidos a todos por igual? Exactamente: las Águilas. Cada vez que el equipo amarillo le pasa por encima a cualquiera de los otros cinco, el resto respira aliviado. Perder contra las Águilas ya ni duele; duele perder contra los demás. En este ecosistema, el dominio cibaeño actúa como un estabilizador que mantiene viva la pelea entre los cinco rezagados. La serie regular termina el 23 de diciembre y solo clasifican cuatro. Las Águilas prácticamente ya tienen su boleto asegurado. Los demás están en modo supervivencia, rezando para que la aplanadora amarilla siga arrasando, pero con los otros.
La liga completa está viviendo bajo la dominante sombra de un equipo y para muchos eso es una bendición disfrazada.
Mientras las Águilas continúen destrozando rivales sin discriminar, el margen de error para los otros cinco es menos cruel, pero esta dinámica no durará para siempre. La verdadera pregunta es quién será capaz de aprovechar ese “respiro” amarillo para dar el salto, porque cuando el polvo se asiente, solo habrá espacio para cuatro y nadie quiere quedarse fuera diciendo que dependió, literalmente, de que otro equipo le siguiera haciendo el trabajo.


